China suma capacidad en órbita geoestacionaria con el lanzamiento del satélite experimental Shiyan-21

China suma capacidad en órbita geoestacionaria con el lanzamiento del satélite experimental Shiyan-21

China volvió a fortalecer su presencia en la órbita geoestacionaria con el lanzamiento del satélite experimental de comunicaciones Shiyan-21.

La misión despegó el 21 de noviembre a las 18:55 hora de Beijing desde el Centro de Lanzamiento de Xichang, en la provincia de Sichuan, a bordo de un cohete Long March 3B. Según la información oficial, el satélite fue insertado con éxito en la órbita prevista, sumando un nuevo componente a la infraestructura espacial del país.

El Shiyan-21 forma parte de una línea de satélites chinos dedicados a probar tecnologías de comunicación, incluyendo transmisión de datos, servicios de radio, televisión y ensayos técnicos asociados. La categoría “experimental” es habitual en la nomenclatura espacial china y abarca plataformas que sirven para validar nuevos sistemas, a menudo con un alcance que combina aplicaciones civiles y funciones vinculadas a comunicaciones seguras o inteligencia de señales. La falta de detalles públicos sobre parámetros como masa, potencia, vida útil o posición orbital refuerza la lectura de que se trata de un satélite con un rol sensible dentro del programa.

Desde los años ochenta, Xichang ha sido el principal punto de acceso de China hacia la órbita geoestacionaria, un espacio clave para servicios de comunicaciones fijas a 36.000 kilómetros de altura. El uso del Long March 3B, un lanzador maduro y central en la estrategia del país para alcanzar órbitas altas, muestra la continuidad de una arquitectura industrial que sostiene este tipo de misiones. La combinación de un centro especializado, un cohete probado y una serie de plataformas recurrentes como Shiyan y Tongxin Jishu Shiyan revela un patrón claro de expansión controlada en la “alta frontera”.

La órbita geoestacionaria se ha convertido en uno de los activos más estratégicos para las grandes potencias. Allí operan satélites que sostienen telecomunicaciones globales, servicios meteorológicos, sistemas de alerta temprana y redes de navegación. Estados Unidos, Europa, Rusia, India y Japón también refuerzan su presencia en esta región orbital, y en ese contexto cada nueva misión china se integra a una red que amplía la capacidad del país y fortalece la resiliencia de sus comunicaciones críticas.

Para América Latina, estos movimientos tienen un impacto directo. La mayor densidad de satélites de comunicaciones en GEO puede ampliar la oferta de capacidad para banda ancha, distribución de contenidos y conectividad en zonas alejadas de la infraestructura terrestre. Al mismo tiempo, la presencia creciente de satélites con posibles usos duales introduce una complejidad adicional en materia regulatoria, de coordinación de espectro y de evaluación de proveedores, especialmente en sectores donde la robustez de las comunicaciones es un factor crítico. El lanzamiento del Shiyan-21 se presenta como un paso más dentro de una estrategia sostenida y de largo plazo. China continúa ampliando su infraestructura en la órbita alta, y la competencia por este espacio, donde se combinan intereses tecnológicos, económicos y de seguridad, seguirá intensificándose. Para los países y empresas de la región, entender esta dinámica es clave para anticipar cómo evolucionarán la oferta de servicios, las alianzas tecnológicas y los nuevos escenarios de conectividad satelital en los próximos años.

Fuente: news.cn

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