El microsatélite desarrollado en el país fue el único seleccionado de América Latina para acompañar a Artemis II.
Su misión será medir radiación en espacio profundo y probar si las señales débiles de GPS pueden usarse para navegar mucho más allá de la órbita terrestre.
La misión Artemis II además de marcar el regreso de astronautas al entorno lunar por primera vez en más de medio siglo, también sumó a la Argentina a uno de los hitos más relevantes de la nueva etapa de exploración espacial. Junto al vuelo tripulado de la NASA viaja ATENEA, un microsatélite desarrollado en el país que fue seleccionado como una de las cargas internacionales de la misión.
ATENEA fue desarrollado por la CONAE junto con instituciones científicas y universidades nacionales, entre ellas la Facultad de Ingeniería de la UBA, la Universidad Nacional de La Plata, la UNSAM, la CNEA, el Instituto Argentino de Radioastronomía y VENG. Su incorporación a Artemis II le da a la Argentina presencia en una misión de escala global y la posiciona dentro de una agenda tecnológica que va mucho más allá del valor simbólico del lanzamiento.
El satélite, un CubeSat de clase 12U, tiene como objetivo validar tecnologías críticas para futuras misiones espaciales. Entre sus funciones se encuentran la medición de dosis de radiación en órbitas profundas, la recopilación de datos GPS por encima de la constelación y la validación de enlaces de comunicación de largo alcance para exploración del espacio profundo.
Uno de los puntos más interesantes del proyecto es justamente su apuesta por la navegación. ATENEA buscará comprobar si señales débiles de GPS emitidas desde la Tierra pueden aprovecharse a grandes distancias, una línea de trabajo que podría resultar útil para futuras operaciones en el espacio cislunar y para misiones más complejas fuera de la órbita terrestre baja.
Según la información oficial difundida en la previa del lanzamiento, el despliegue del microsatélite se realizará a más de 70.000 kilómetros de la Tierra, lo que lo convierte en un récord para un satélite argentino. Ese entorno permitirá reunir datos reales en condiciones de espacio profundo y probar subsistemas nacionales en un escenario al que muy pocos desarrollos de la región logran acceder.
La participación argentina también se destaca por el contexto en el que se da. La NASA incorporó solo cuatro cargas internacionales a Artemis II, entre ellas la de la Argentina, junto con desarrollos de Alemania, Arabia Saudita y Corea del Sur. En ese marco, la presencia de ATENEA funciona como una validación concreta de capacidades técnicas y operativas en una misión que exige estándares especialmente altos de confiabilidad.
El valor de ATENEA, más allá de su dimensión institucional, está en lo que representa para el ecosistema espacial argentino. Se trata, además de estar presente en una misión histórica, hacerlo con un desarrollo orientado a resolver desafíos concretos de la próxima etapa de la exploración espacial. En un momento en que la economía del espacio empieza a correrse de la demostración hacia la infraestructura, el microsatélite argentino se inserta en una conversación mucho más amplia sobre navegación, comunicaciones y operación en espacio profundo. Esta última idea es una inferencia a partir de los objetivos técnicos oficiales del proyecto.
Para la Argentina, ATENEA marca un paso de alta visibilidad internacional y, al mismo tiempo, una oportunidad para mostrar que el desarrollo local puede integrarse a programas globales en áreas de frontera. Artemis II le da escala al hecho. ATENEA le da a esa escala una firma argentina.
Fuente: nasa.gov
















