Tenerife presentó Tenerife Space Horizon, un plan a cinco años con constelación LEO, telepuerto y estación de seguimiento para fortalecer datos propios en ambiente y emergencias.
El Cabildo de Tenerife activó una hoja de ruta aeroespacial que busca llevar capacidades críticas al territorio: observar desde órbita, bajar datos con infraestructura local y convertirlos en información operativa para decisiones públicas y privadas. La estrategia, conocida como Tenerife Space Horizon, plantea desarrollar una constelación en órbita baja (LEO, por sus siglas en inglés), una red de satélites que pasa a pocos cientos de kilómetros de altura y permite imágenes frecuentes con menor demora de entrega. El plan se apoya en el ecosistema científico y tecnológico de la isla e incorpora un telepuerto, es decir, un complejo de antenas y sistemas para comunicarse con satélites, programar sus tareas y recibir la información. En conjunto, el objetivo es ganar autonomía de datos y capacidad de respuesta, sin depender de ventanas de acceso externas cuando hay un evento crítico.

La llamada Constelación Canaria se orienta a observar las islas y su entorno marítimo con foco en incendios, vigilancia costera, detección de vertidos, agricultura y seguimiento de recursos hídricos. Para eso se prevé instrumentación multiespectral, sensores que capturan en varias bandas y permiten detectar señales que el ojo no ve. En términos simples: el visible ayuda a mapear cambios en suelo y costa, el infrarrojo cercano aporta indicadores de vegetación y estrés hídrico, el infrarrojo de onda corta puede mejorar la lectura de humedad y ciertos materiales, y el infrarrojo térmico permite estimar temperatura superficial, útil para focos de calor y evolución de incendios. La ventaja operativa está en la frecuencia: una constelación pequeña puede volver a mirar el mismo punto cada día, y con más satélites, varias veces por jornada, lo que mejora el seguimiento de eventos que cambian rápido.
El componente terrestre es lo que transforma imágenes en servicio. El telepuerto y la estación de seguimiento permiten planificar capturas, descargar datos en cada pasada y operar la misión desde Canarias, acortando tiempos y manteniendo control local. Luego entra la cadena de procesamiento: calibración, corrección atmosférica, generación de productos y tableros para usuarios. Ahí se define el valor real: mapas de riesgo de incendio, detección temprana de manchas en el mar, indicadores de humedad del suelo para riego, o series temporales para evaluar impacto de sequía. También hay un punto de interoperabilidad, porque un telepuerto bien equipado puede dar soporte a satélites de terceros, ampliar servicios y atraer operaciones que busquen una posición atlántica con conectividad y personal especializado.
La estrategia llega en un momento de presión por información más rápida y localizada, con eventos extremos y gestión ambiental que exigen continuidad y prioridad de acceso. A nivel de proyecto, hay números que muestran escala y calendario: se plantea una inversión del orden de 79 millones de euros en cinco años y una creación de más de 500 empleos directos en el medio plazo, además de un programa de constelación que empieza con fases de diseño, contratación industrial, fabricación, lanzamientos y puesta en operación. El límite inmediato está en ejecutar bien esa cadena, asegurar calidad de datos, definir gobernanza y garantizar que los productos se integren en protocolos reales de emergencia y gestión. Los próximos pasos pasan por cerrar arquitectura satelital, completar infraestructura de control y datos, y validar que el sistema entregue información útil con tiempos consistentes cuando más se necesita.
Fuente: iter.es
















