Starlink reporta un acercamiento a 200 metros con una carga tras un lanzamiento chino

Starlink reporta un acercamiento a 200 metros con una carga tras un lanzamiento chino

SpaceX reportó un acercamiento de alto riesgo entre un satélite Starlink y una carga desplegada tras un lanzamiento chino, con una distancia mínima cercana a 200 metros

SpaceX, a través de un mensaje público de Michael Nicolls, vicepresidente de ingeniería de Starlink, informó que un satélite de su constelación tuvo un acercamiento extremadamente cercano con uno de los vehículos desplegados tras un lanzamiento desde Jiuquan, en el noroeste de China. El reporte describe una separación mínima del orden de cientos de metros, alrededor de 200 metros, a una altitud aproximada de 560 km. En órbita baja, esa distancia es crítica porque los objetos viajan a velocidades de kilómetros por segundo y la ventana para reaccionar puede ser de segundos. Con “acercamiento cercano” se refiere a una conjunción, un evento calculado por sistemas de seguimiento donde dos objetos pasarán a una distancia mínima en un momento específico. Starlink atribuyó el riesgo a la falta de coordinación y de intercambio de datos orbitales entre operadores, un problema que se vuelve más frecuente a medida que crece el número de satélites activos.

Los operadores usan catálogos de seguimiento y mensajes de conjunción para estimar trayectorias y probabilidades de colisión. Si el riesgo supera umbrales internos, pueden planificar una maniobra: un ajuste pequeño de velocidad que cambia el punto de encuentro en el tiempo y en el espacio. Starlink combina maniobras automatizadas con supervisión, pero el sistema depende de datos consistentes y, cuando aplica, de ephemeris compartidas, que son parámetros orbitales precisos provistos por el dueño del satélite. Si un objeto recién desplegado no está bien caracterizado o su trayectoria no se comparte, los márgenes se reducen y aumenta la incertidumbre. En este caso, SpaceX sostiene que el problema principal no fue técnico, sino operativo: coordinar a tiempo para evitar que dos trayectorias se crucen demasiado cerca.

La órbita baja está más congestionada y cualquier choque tendría efectos que van mucho más allá de dos satélites. Un impacto a esas velocidades puede fragmentar ambos vehículos y generar una nube de desechos que multiplica el riesgo para terceros. Ese escenario alimenta el síndrome de Kessler, una reacción en cadena donde los fragmentos producen más choques y más fragmentos, encareciendo o incluso bloqueando operaciones en ciertas altitudes. Además, los satélites recién liberados de un lanzador suelen pasar por fases rápidas de estabilización y separación, lo que complica la predicción fina de trayectoria durante los primeros días. Para constelaciones grandes, un solo evento mal coordinado obliga a más maniobras, más consumo de combustible y potencialmente más degradación de servicio.

Lo que habilita y los próximos pasos se concentran en gestión de tráfico espacial: mejores reglas de notificación, canales directos entre operadores y estándares de intercambio de ephemeris y de intención de maniobra. También empuja a modernizar capacidades de seguimiento para objetos pequeños y a armonizar umbrales de decisión entre países y compañías. El límite actual es la gobernanza: no hay una autoridad global única que obligue a todos los operadores a compartir datos con el mismo formato y la misma rapidez. Mientras esa capa no madure, el riesgo de acercamientos peligrosos seguirá creciendo, incluso cuando los satélites tengan sistemas de evasión cada vez más autónomos.

Fuente: X.com

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