Un satélite militar español recién lanzado sufrió el impacto de una “partícula espacial” a 50.000 km de la Tierra. Quedó irrecuperable y su sustituto puede rondar 1.000 millones.
El SpainSat NG II, satélite de comunicaciones seguras operado por Hisdesat, quedó fuera de misión tras un impacto durante el traslado a su posición orbital definitiva. El incidente ocurrió a unos 50.000 kilómetros de la Tierra, cuando el satélite aún no había llegado a la órbita geoestacionaria, la región donde una nave “acompaña” la rotación del planeta y mantiene una posición fija sobre un punto del ecuador. Indra, como socio mayoritario de Hisdesat, informó que el golpe provino de una partícula espacial y que el equipo técnico analizó los datos para determinar el alcance del daño. La conclusión posterior fue que el deterioro no era recuperable, así que el satélite no puede cumplir la misión prevista.

Este tipo de satélites no se usa para fotos o ciencia, su trabajo es servir enlaces de comunicaciones protegidas para Fuerzas Armadas y clientes gubernamentales. El programa SpainSat NG se diseñó para operar en bandas como X, Ka militar y UHF, con capacidades de cobertura ajustable, resistencia a interferencias y gestión flexible de haces. En la práctica, eso permite conectar unidades desplegadas, buques o aeronaves más allá de la línea de visión, con enlaces que pueden reconfigurarse según necesidades operativas. La ventaja es estratégica, porque reduce dependencia de servicios externos cuando hay crisis o alta demanda de capacidad.
El punto sensible es que el accidente no fue “perderlo” en el espacio, el satélite quedó estable, pero inutilizable. Aun así, el efecto es grande: se trata de una plataforma que debía ampliar capacidad y redundancia, y que ahora obliga a acelerar un plan alternativo para sostener el servicio con el NG I y sistemas previos mientras llega el reemplazo. El costo que se discute en medios y entorno industrial para un sustituto, considerando fabricación, lanzamiento, operación y vida útil, se mueve alrededor de los 1.000 millones de euros, una cifra que refleja lo caro que es reponer un satélite geoestacionario de alta seguridad.
Lo que habilita este episodio es mejorar la gestión del riesgo en un tramo poco visible: la transferencia a órbita, cuando el satélite aún maniobra y atraviesa regiones con objetos naturales y basura espacial. El límite actual es que, aunque se detecte un daño, no siempre hay capacidad de “reparar” a distancia componentes críticos del bus o de la carga útil. El siguiente paso ya está en marcha: preparar el SpainSat NG III como reemplazo, buscando ser un gemelo tecnológico del sistema original para acortar plazos de integración, pruebas y certificación, y recuperar la arquitectura prevista de comunicaciones seguras sin brechas de servicio.
Fuente: Indragroup
















