Monitoreos ópticos reportaron la fragmentación del satélite ruso Luch-Olymp en una órbita cementerio sobre GEO, con hora registrada y debate sobre causa que se presume como un fallo interno o choque con escombros.
El satélite ruso Luch, también conocido como Olymp y catalogado como objeto 40258, mostró señales claras de fragmentación mientras estaba en una “órbita cementerio”, una órbita más alta usada para retirar satélites de la zona operativa geostacionaria. La secuencia fue registrada por redes de observación comercial: s2a systems reportó el inicio del evento a las 06:09:03 UTC del 30 de enero de 2026, seguido por la aparición de objetos cercanos y un aumento de giro del cuerpo principal. En sus imágenes se aprecia el rastro del satélite y puntos adicionales compatibles con fragmentos, lo que indica una ruptura con eyección de material. Este tipo de episodios en órbita alta es menos frecuente que en LEO, pero cuando ocurre complica la seguridad de un vecindario orbital del que dependen comunicaciones, meteorología y servicios críticos.

La mecánica del problema es sencilla: cada fragmento añade incertidumbre. En GEO, los satélites están separados por slots, y en la órbita cementerio se busca que los retirados no vuelvan a interferir. Si un vehículo se fragmenta, la nube resultante puede dispersarse a lo largo del arco y convertirse en un riesgo difícil de gestionar, sobre todo porque muchos trozos quedan por debajo del umbral de detección rutinaria. s2a systems detalló una cadena de “destellos” y “plumas” dentro de una ventana de unos 40 minutos, consistente con liberación de gas o pérdida de propelente seguida por eventos energéticos adicionales. Esa cronología ayuda a diferenciar escenarios y a estimar cuánta energía se liberó en la ruptura.
La causa todavía no tiene confirmación pública y ahí aparece el debate. Un camino es el clásico “almacenamiento de energía”: baterías, presión residual o propelente no pasivado que termina liberándose y rompe estructuras. El otro, más inquietante, es un impacto con desechos. Jonathan McDowell, que sigue actividad satelital desde hace años, planteó que un golpe externo es plausible, porque un satélite retirado debería haber reducido fuentes internas de energía. Si el disparador fue un choque, la lectura cambia: incluso el entorno pensado para ser tranquilo encima de GEO estaría acumulando suficiente basura como para generar colisiones. Eso empuja a mejorar seguimiento, pasivación y estándares de retiro, porque el costo de una ruptura no es solo técnico, también operativo para todo el cinturón geoestacionario.
En lo inmediato, lo importante es el trabajo de caracterización: cuántos fragmentos hay, qué tan separados están del cuerpo principal y cómo evoluciona la rotación. s2a systems indicó que detectó 18 piezas en sus registros, con límites impuestos por su instrumento y tiempos de exposición, y que logró seguir al menos un fragmento, con otros dos candidatos bajo análisis. En paralelo, otro actor de vigilancia, Aldoria, publicó una línea de tiempo basada en adquisiciones ópticas y señaló que el cuerpo principal terminó el día en tumbling, con una periodicidad de brillo coherente con rotación. Con esos datos se alimentan catálogos y modelos de conjunciones para reducir sorpresas a operadores. El siguiente paso es consolidar un conteo más completo con redes diversas y sostener observación, porque en GEO los efectos se miden en meses y años, no en días.
Fuente: s2a systems
















