Un informe de la Oficina del Inspector General de la NASA cuantifica el riesgo aceptable para Artemis y confirma que el regreso humano a la Luna mantiene un nivel de exposición alto, aun con mejoras sobre programas previos.
La NASA, a través de un informe de su Oficina del Inspector General (OIG), dejó por escrito los umbrales de “pérdida de tripulación”, la probabilidad máxima que la agencia acepta de que una falla termine con la vida de los astronautas en una misión. En ese marco, el documento señala un umbral de 1 en 30 para misiones Artemis consideradas de extremo a extremo, y de 1 en 40 para las operaciones lunares, que incluyen descenso, estancia en superficie y ascenso para volver a órbita. Estos valores no son una predicción puntual, son una referencia de ingeniería para decidir qué sistemas pueden volar, qué riesgos deben mitigarse y qué partes del plan concentran la mayor amenaza.
La estimación integra el riesgo de varias fases y subsistemas: lanzamiento, viaje en espacio profundo, navegación, comunicaciones, soporte de vida, y el sistema de alunizaje. Para las primeras misiones con retorno a la superficie, el OIG remarca que el módulo de alunizaje aporta una fracción dominante del riesgo total por su complejidad: debe aterrizar con precisión, sostener a la tripulación y despegar desde la Luna para reencontrarse con la nave en órbita. El informe enumera áreas técnicas que pesan fuerte, como aviónica, propulsión y energía eléctrica del alunizador.
El documento también ayuda a poner números en contexto histórico. Cita estimaciones de Apolo del orden de 1 en 10 para pérdida de tripulación, lo que sugiere que los umbrales actuales son mejores, pero todavía están lejos de lo que se suele esperar en sistemas con décadas de madurez operativa. Además, explicita que la discusión ya no es solo de calendario o presupuesto: el nivel de riesgo queda aceptado formalmente y se convierte en parte del criterio para tomar decisiones de diseño, pruebas y operación.
Tener umbrales explícitos ordena prioridades. Permite enfocar dinero y tiempo donde más reduce el riesgo: pruebas adicionales, rediseños, redundancias, procedimientos y capacidades de abortaje. También facilita exigir evidencia a los proveedores, porque la seguridad de tripulación pasa a medirse contra un objetivo cuantificado. La limitación es que, mientras el alunizador y su integración con el resto de la arquitectura no acumulen resultados verificables en pruebas y demostraciones, la incertidumbre seguirá alta y el cálculo estará dominado por lo que todavía no tiene historial real de vuelo.
Fuentel: oig.nasa.gov
















