La Space Development Agency adjudicó a Starfish Space un contrato de 52.5 millones de dólares para desorbitar satélites con Otter desde 2027, como servicio operativo.
La Fuerza Espacial de Estados Unidos ya contrató el retiro planificado de satélites como un servicio. El 21 de enero de 2026, Starfish Space informó que la Space Development Agency le otorgó un contrato de 52.5 millones de dólares para ofrecer Deorbit-as-a-Service con su nave Otter, con lanzamiento objetivo en 2027. El acuerdo arranca con un primer desorbitado y suma opciones para ejecutar varios retiros adicionales en una misma campaña. En términos prácticos, el fin de vida deja de ser una promesa y se vuelve una partida presupuestable, con entregables y pagos por desempeño. También pone el tema dentro del ciclo normal de operación de constelaciones militares en órbita baja, donde las reposiciones son frecuentes y la tasa de satélites que envejecen va en aumento.
La presión viene de la renovación acelerada en LEO, órbita baja terrestre. Con constelaciones que se actualizan en ciclos más cortos, crece el número de plataformas que llegan a fin de vida y también la exposición a fallas de propulsión o de control de actitud. Los operadores suelen elegir entre reservar combustible para bajar el perigeo y asegurar reentrada, o estirar la misión y arriesgar que el satélite quede inerte, sin capacidad de maniobra, dentro de una región ya congestionada. La propuesta de Deorbit-as-a-Service, retiro de satélites por contrato, busca separar valor operativo y disposición final: volar hasta el último día útil y externalizar el retiro cuando sea necesario.
La parte compleja es capturar un satélite no cooperativo, es decir, uno sin interfaces diseñadas para servicio y con dinámica incierta. Otter está pensado para ejecutar RPOD, rendezvous, proximity operations and docking, o maniobras de encuentro, aproximación y acople en órbita. Eso exige navegación relativa robusta para estimar posición, velocidad y actitud del objetivo con sensores que combinan cámaras y mediciones inerciales. Luego entra el control relativo: trayectorias seguras, velocidades de cierre limitadas y lógica de aborto lista. La captura no puede ser un simple contacto: debe evitar rebotes, no amplificar el giro y permitir que el conjunto se controle como un sistema acoplado, con cambios bruscos en masa, inercia y modos flexibles.
Tras la captura, desorbitar es logística de energía orbital. En LEO suele bastar con bajar el perigeo para que el arrastre atmosférico termine el trabajo y con una geometría que reduzca riesgos en la reentrada. Si la misión incluye varios satélites, el reto se multiplica: hay que repartir el delta-v, presupuesto de cambio de velocidad, entre traslados, ajustes de altura y ventanas de disposición, y aceptar campañas largas cuando la propulsión prioriza eficiencia sobre empuje. Por eso el contrato pesa más que el monto: convierte el final de vida en una fase operativa medible, con posibilidad de escalar a múltiples retiros, y reduce el riesgo de objetos sin control sin obligar a cada satélite a cargar con el costo completo del retiro.
Fuente: Impresionante
















