El segundo vuelo de Spectrum, “Onward and Upward”, pasa a una ventana que abre no antes del 19 de marzo de 2026 en Andøya. El ajuste reaviva el debate europeo sobre cadencia y servicios dedicados.
Isar Aerospace reprogramó su misión “Onward and Upward”, el segundo vuelo de su lanzador Spectrum, para una nueva ventana que abre no antes del 19 de marzo de 2026 desde Andøya, Noruega. El cambio llega después de un intento detenido por un problema en una válvula de presurización, ya corregido según la empresa. Para Isar, este vuelo funciona como misión de calificación operativa: busca validar el vehículo bajo condiciones reales y, por primera vez, volar con cargas útiles. En su campaña previa, la integración incluyó cinco CubeSats y un experimento. El punto central es pasar de “probar que despega” a “probar que puede servir a clientes con repetibilidad”, que es donde empieza a jugarse la confianza comercial.
Spectrum es un microlanzador, un cohete orbital pensado para satélites pequeños y medianos con ventanas más dedicadas. Su lógica es simple: dos etapas con motores a propelentes líquidos, la primera entrega el empuje inicial y la segunda ajusta velocidad y trayectoria hasta la inserción orbital. En el caso de Spectrum, la propuesta combina un motor de segunda etapa con capacidad de reencendido para afinar la órbita y un diseño orientado a fabricar en serie. La empresa declara capacidades de hasta 1.000 kg a órbita baja y 700 kg a órbita heliosíncrona, con un vehículo de 28 m de alto y 2 m de diámetro.
La urgencia europea no es técnica solamente, también es de calendario. El primer vuelo de Spectrum, en marzo de 2025, despegó y fue terminado alrededor de los 30 segundos, con caída controlada al mar y sin daños al sitio de lanzamiento, según el comunicado de Isar. Ese resultado entregó datos, pero no deja aún un servicio utilizable. Por eso el segundo vuelo tiene más presión: necesita demostrar disciplina de campaña, preparación en tierra, abastecimiento, control de rango y una secuencia completa que se pueda repetir. En paralelo, el programa Boost! de ESA aparece como un mecanismo para llevar cargas institucionales en estos vuelos y acelerar aprendizaje en operaciones.
El debate de logística espacial se amplía cuando el lanzamiento deja de ser un evento aislado y pasa a ser un flujo. Allí importan el acceso al espacioport, la disponibilidad de ventanas, el clima, la coordinación de seguridad y, sobre todo, la capacidad industrial para sostener una cadencia. Isar sostiene que prepara una expansión productiva, con una instalación de 40.000 m² cerca de Múnich y la ambición de fabricar hasta 40 vehículos por año a futuro, una señal de que su plan depende tanto de fábrica como de plataforma. Si “Onward and Upward” cumple, abre la puerta a contratos con fechas más firmes, y empuja a Europa a construir una cadena que una cohete, puerto espacial y servicios posteriores como maniobras orbitales y gestión de misión.
Fuente: isaraerospace.com
















