El CEO de Civitatis voló en NS-38 y refuerza el turismo suborbital

Blue Origin completó la misión NS-38 con New Shepard. Alberto Gutiérrez, CEO de Civitatis, voló como pasajero y confirma el avance del turismo suborbital.

Blue Origin completó el 22 de enero su misión tripulada NS-38 con el sistema reutilizable New Shepard. Entre los seis pasajeros estuvo Alberto Gutiérrez, fundador y CEO de Civitatis, un perfil típico de la economía digital que ahora aparece también como cliente. El vuelo fue suborbital: el cohete despega en vertical desde Texas, acelera hasta salir de la atmósfera y separa una cápsula presurizada con grandes ventanas. Al superar la línea de Kármán, referencia convencional ubicada a 100 km de altitud, los ocupantes viven microgravedad, es decir, caída libre con sensación de ingravidez por unos minutos. Luego la cápsula reingresa frenada por paracaídas y el propulsor desciende para aterrizar y volar de nuevo. Según la compañía, fue el vuelo número 38 del programa y el primero de 2026. Con esta salida, New Shepard suma 98 personas transportadas al espacio, 92 de ellas individuos distintos, un indicador de repetición de clientes y de maduración operativa.

Que un empresario del turismo participe como pasajero ayuda a explicar el momento del sector. Estos vuelos funcionan como demostradores: cada despegue y aterrizaje reutilizable reduce riesgo percibido y acumula datos para certificar procedimientos, entrenamiento y mantenimiento. Para Blue Origin, la cadencia es parte del producto, porque el valor para el cliente depende de fechas predecibles y una experiencia consistente. A la vez, la presencia de perfiles públicos amplifica el efecto comercial y acerca el concepto de “viaje espacial” a audiencias fuera de la industria aeroespacial.

El cruce con la industria de viajes es directo: Civitatis vive de empaquetar experiencias y logística, justo lo que el turismo suborbital necesita para crecer. Hoy la barrera principal sigue siendo el precio y la disponibilidad de asientos, además de requisitos médicos básicos y una preparación corta pero intensa. En el corto plazo, el producto apunta a un segmento premium que paga por minutos de microgravedad y vistas de la curvatura terrestre. El siguiente paso es aumentar frecuencia, simplificar operaciones en tierra y escalar el soporte al cliente.

NS-38 también subraya el rol del suborbital como laboratorio para capacidades que luego se trasladan a sistemas más complejos. Aunque no entra en órbita, el vuelo exige control autónomo, tolerancias térmicas de reingreso y recuperación precisa del propulsor, elementos clave para la reutilización. En paralelo, más pasajeros generan demanda para seguros, entrenamiento, trajes, contenidos y gestión de datos de vuelo. Si la cadencia sube, el mercado podría abrirse a más perfiles corporativos y a colaboraciones con marcas, educación y ciencia ciudadana.

Fuente: Blue Origin

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