La señal llegó primero desde la propia Anatel
Brasil está reescribiendo su rol en la economía espacial. Lo que comenzó como una autorización más para que Starlink ampliara operaciones en el país terminó abriendo una discusión más profunda dentro de Anatel (la Agencia Nacional de Telecomunicaciones de Brasil) y del Gobierno, cómo regular un ecosistema que ya no funciona bajo las reglas tradicionales de la industria satelital y que avanza hacia constelaciones masivas, nuevos actores privados y crecientes riesgos orbitales.
La señal llegó primero desde la propia Anatel. Junto con la aprobación técnica para que Starlink incremente su despliegue, el organismo incorporó un “alerta regulatorio” y pidió estudios adicionales sobre interferencias, uso del espectro, gestión de potencia y sostenibilidad en órbita baja. Ese movimiento, inusual para un trámite de autorización, dejó ver que Brasil quiere dejar de reaccionar y empezar a anticipar.
El país viene avanzando en una estrategia regulatoria que combina cuatro ejes: conectividad, competencia por el espectro, sostenibilidad orbital y alineamiento internacional. Lo que se busca es preparar al país para un escenario donde las megaconstelaciones se convierten en infraestructura crítica.
La reciente Lei Geral das Atividades Espaciais (LGAE), aprobada en 2024, terminó de darle forma a ese rumbo. El marco legal establece que Brasil ejercerá jurisdicción sobre lanzamientos, reentradas, operaciones satelitales, vigilancia orbital e incluso actividades privadas desarrolladas en su territorio. Para la industria es una señal inequívoca de que Brasil quiere convertirse en un hub espacial regional, con reglas claras y una arquitectura de control que dé previsibilidad a actores públicos y privados.
En América Latina, donde aún conviven normativas dispersas y marcos parciales, el movimiento de Brasil introduce un nuevo estándar. Los países que busquen atraer inversiones, desarrollar infraestructura satelital, lanzar misiones conjuntas o expandir servicios de conectividad deberán mirar con atención esta agenda. El mercado regional podría empezar a alinearse, ya sea por convicción o por necesidad, detrás de estos criterios de sostenibilidad, competencia y uso responsable de órbita y espectro.
Para Argentina y el resto de la región, este giro plantea desafíos y oportunidades, desde proyectos binacionales hasta nuevos acuerdos de operación, pasando por mecanismos de coordinación orbital que se vuelven imprescindibles en un entorno más congestionado y competitivo.
Brasil está enviando un mensaje a la región. El espacio dejó de ser un destino lejano, es un territorio regulado, económico y estratégico, y quien llegue primero con reglas claras tendrá ventaja en la próxima década de la economía espacial latinoamericana.
Fuente: www.gov.br

















