El cuerpo humano, diseñado para la gravedad terrestre, entra en un territorio desconocido donde los músculos se debilitan, los huesos se erosionan y el sistema cardiovascular aprende a sobrevivir flotando.
El cuerpo humano, diseñado para la gravedad terrestre, entra en un territorio desconocido donde los músculos se debilitan, los huesos se erosionan y el sistema cardiovascular aprende a sobrevivir flotando. Ahí, donde no hay arriba ni abajo, entender cómo funciona nuestro organismo ya no es una opción: es una prioridad.
Argentina se suma a ese desafío. La CONAE y la Universidad Favaloro han firmado un acuerdo que marca el inicio de una nueva etapa: investigar la salud humana más allá de la atmósfera. El objetivo es claro. Saber qué ocurre con el cuerpo en el espacio… y cómo prepararlo para volver.
Desde el control de la presión arterial hasta la rehabilitación neuromuscular, la medicina espacial enfrenta un rompecabezas biológico. Las misiones a la Luna y Marte exigirán meses –o años– fuera de la Tierra. Y nadie regresa igual. Por eso, esta alianza apuesta a desarrollar tecnologías, protocolos y conocimiento que permitan cuidar a quienes exploran lo desconocido.
El acuerdo no es simbólico. Reúne expertos en ingeniería biomédica, medicina aplicada y sistemas aeroespaciales. Une laboratorios, simuladores, y sobre todo, una visión: que el futuro de la exploración también depende de entender los límites del cuerpo humano.
Mientras se diseñan cohetes y se trazan rutas interplanetarias, en Argentina se estudia cómo mantener sano al tripulante que irá dentro. Porque en el espacio, lo más frágil no es la nave… es quien la habita.
Fuente: Argentina.gob.ar

















