Durante los últimos años, los vuelos suborbitales de Blue Origin se convirtieron en uno de los símbolos más visibles del llamado turismo espacial.
Breves experiencias de ingravidez, cápsulas repletas de cámaras y una narrativa pensada para mostrar que el espacio empezaba a abrirse a un público más amplio. Hoy, esa etapa entra en pausa.
La compañía fundada por Jeff Bezos decidió suspender por al menos dos años los vuelos turísticos de su cohete New Shepard para concentrar recursos, equipos y capacidad industrial en un objetivo mucho más ambicioso, la Luna. La información fue difundida inicialmente por Forbes España a partir de fuentes del sector y confirmada luego por medios internacionales especializados.
Desde 2021, Blue Origin realizó decenas de vuelos suborbitales tripulados que llevaron a casi un centenar de personas al borde del espacio. Esas misiones cumplieron un rol clave en posicionamiento, visibilidad pública y validación tecnológica básica. Sin embargo, nunca fueron el núcleo del proyecto de largo plazo de la compañía.
Ese núcleo aparece ahora con mayor claridad cuando Blue Origin busca acelerar el desarrollo de Blue Moon, su módulo de alunizaje, y cumplir compromisos asumidos con la NASA en el marco del programa Artemis, que apunta a restablecer una presencia humana sostenida en la superficie lunar.
La pausa del turismo suborbital funciona así como una señal estratégica. En la economía del espacio que empieza a consolidarse, la experiencia vende, pero la infraestructura sostiene. Los contratos institucionales, la capacidad de aterrizar carga en la Luna y la logística asociada a futuras misiones pesan más que el impacto mediático de unos pocos minutos de ingravidez.
El movimiento también dialoga con un contexto más amplio. Mientras SpaceX avanza con Starship como plataforma multipropósito, desde órbita baja hasta misiones lunares y marcianas, Blue Origin parece optar por un camino distinto, con menos protagonismo público inmediato y mayor foco en convertirse en proveedor clave de infraestructura lunar.
Desde esta perspectiva, el turismo espacial no desaparece, pero cambia de lugar. Pasa de ser la cara visible del negocio a convertirse en una actividad secundaria, retomable en otro momento, cuando la base industrial esté consolidada y los grandes programas de exploración estén en marcha.
La decisión también refleja una maduración del sector. La narrativa del “viaje al espacio para unos pocos” empieza a ceder frente a otra más estructural, la del espacio como entorno operativo, donde se construyen capacidades, se despliega tecnología y se planifica presencia sostenida fuera de la Tierra.
Fuente: Blue Origin

















