En un mismo día, China perdió un Long March 3B con el satélite Shijian-32 y el debut del Ceres-2 de Galactic Energy. El doble tropiezo abre investigaciones y ajustes de calendario.
China vivió una jornada poco común: dos lanzamientos fallidos en menos de 24 horas, uno estatal y otro privado. De madrugada, un Long March 3B despegó desde Xichang con el satélite Shijian-32, pero una anomalía durante el vuelo impidió que la carga quedara en su órbita prevista. Horas después, desde Jiuquan, el sector comercial sumó un segundo revés cuando el Ceres-2, nuevo cohete de Galactic Energy, presentó una falla en su vuelo inaugural. El patrón importa por la cercanía temporal y por el tipo de vehículos implicados: un lanzador maduro, usado para misiones a órbita de transferencia geoestacionaria (GTO), y un modelo nuevo pensado para colocar lotes de satélites en órbita baja.
En el caso del Long March 3B, la explicación técnica suele concentrarse en la etapa superior: es el tramo final que da la velocidad exacta para liberar el satélite en la trayectoria correcta. En esta familia, esa etapa usa oxígeno e hidrógeno líquidos; si el encendido dura menos de lo planeado, si empuja con menos fuerza o si pierde control de actitud, el satélite queda corto y no alcanza la órbita objetivo. El resultado operativo es directo: se pierden ventanas de lanzamiento, se detienen campañas por revisión de telemetría y se aplican inspecciones en serie a hardware y procedimientos antes de autorizar la siguiente misión.
El segundo fallo afecta al calendario comercial. Ceres-2 apunta a un nicho de alta demanda: misiones de órbita baja con cargas múltiples, típicas de constelaciones. Su arquitectura mezcla etapas sólidas con una etapa superior líquida, combinación que busca rapidez de preparación y flexibilidad orbital. Según datos difundidos por la empresa en reportes públicos, el diseño apunta a alrededor de 1.6 toneladas a 500 km en órbita baja, o 1.3 toneladas a 500 km en órbita sincronizada al Sol. Perder el vuelo debut retrasa la entrada en servicio, complica contratos de lanzamiento y obliga a priorizar investigaciones y correcciones antes de retomar pruebas.
El impacto más inmediato es de confianza y ritmo. En el lado estatal, un fallo en un cohete de uso frecuente suele traducirse en pausas selectivas hasta entender la causa y validar acciones correctivas, porque la misma etapa o motores pueden aparecer en configuraciones cercanas. En el lado privado, un debut fallido reordena la fila de clientes y presiona a demostrar confiabilidad con un “retorno a vuelo” limpio. A corto plazo, lo que habilita este análisis es una mejora de calidad y procesos; el límite es el tiempo de investigación y la disponibilidad de bancos de prueba. El próximo paso esperado en ambos casos es publicar conclusiones técnicas y reprogramar misiones con criterios de riesgo más conservadores.

















