La filtración interna que complica a Starship y vuelve a tensionar la relación entre SpaceX y la NASA

La filtración interna que complica a Starship y vuelve a tensionar la relación entre SpaceX y la NASA

La NASA ya abrió el juego a nuevos competidores como Blue Origin mientras crece la presión por no perder la carrera lunar frente a China.

Un documento interno de SpaceX reconoce que el módulo lunar Starship difícilmente llegue a tiempo para Artemis III. La NASA ya abrió el juego a nuevos competidores como Blue Origin mientras crece la presión por no perder la carrera lunar frente a China.

Durante años, Elon Musk repitió que Starship sería la llave para llevar a la humanidad de regreso a la Luna y, más adelante a Marte. Pero una filtración reciente muestra que el camino hacia Artemis III es más largo y complejo de lo que la NASA había imaginado.

Un archivo interno de SpaceX, dado a conocer por la prensa estadounidense, detalla un nuevo cronograma para el Human Landing System (HLS), la versión de Starship destinada a posarse en la superficie lunar. Según ese documento, la compañía trabaja con tres hitos clave: una prueba de trasvase de combustible en órbita en junio de 2026, un alunizaje no tripulado en junio de 2027 y la primera misión tripulada recién en septiembre de 2028. Es decir, al menos un año más tarde que la fecha de referencia que la NASA sostenía públicamente para Artemis III.

El nuevo calendario no sorprende a quienes siguen de cerca la campaña de pruebas de Starship. El vehículo superpesado de SpaceX ha logrado avances importantes, pero todavía arrastra fallos en etapas críticas como problemas en el retorno controlado hasta la necesidad de demostrar el repostaje de grandes volúmenes de propelente criogénico en órbita, una maniobra que nunca se hizo a esa escala. El documento filtrado cristaliza algo que muchos en la comunidad espacial ya sospechaban, el hecho de que incluso en el mejor de los escenarios, encadenar todas las demostraciones que exige la NASA antes de subir astronautas a bordo llevará tiempo.

Para la agencia espacial estadounidense, Artemis III no es solo un hito simbólico. Es la misión que debe concretar el primer alunizaje tripulado desde el Apolo 17, integrar la arquitectura del programa Artemis y abrir el juego a una presencia más sostenida en la superficie lunar. Cada año de retraso complica la narrativa de liderazgo de Estados Unidos en un contexto donde China acelera su propio programa lunar con misiones robóticas y planes para enviar taikonautas al polo sur del satélite.

La tensión con la NASA y el espacio que se abre para otros

Los retrasos de Starship llegan en un momento especialmente sensible para la relación entre SpaceX y la NASA. El actual administrador de la agencia ya dejó claro que está dispuesto a abrir el contrato del módulo de alunizaje a otros jugadores si la empresa de Musk no puede cumplir el calendario. En sus declaraciones habló de “una carrera espacial” entre compañías estadounidenses y mencionó explícitamente a Blue Origin como alternativa posible para llevar astronautas a la superficie lunar.

La respuesta de Musk no se hizo esperar. El fundador de SpaceX llevó la disputa a X, donde se burló públicamente del funcionario, lo apodó con un juego de palabras y cuestionó su capacidad para dirigir el programa espacial estadounidense, al punto de sugerir que el futuro de la exploración no puede estar en manos de alguien con “un coeficiente intelectual de dos dígitos”. Los cruces tuvieron amplia repercusión y pusieron en primer plano un conflicto que hasta hace poco se mantenía en tono más técnico que político.

Detrás de las frases filosas hay un problema de fondo, y es que la NASA depende de SpaceX para varias piezas clave de su arquitectura de exploración, desde los vuelos tripulados a la Estación Espacial Internacional hasta lanzamientos de carga científica, mientras que SpaceX se apoya en contratos gubernamentales para sostener parte de su modelo de negocio. Esa interdependencia vuelve más delicado cualquier choque público.

Mientras Starship intenta demostrar que puede cumplir lo prometido, Blue Origin avanza con su propia hoja de ruta. La empresa de Jeff Bezos desarrolla el módulo de aterrizaje Blue Moon y ya tiene en marcha misiones lunares no tripuladas dentro del programa CLPS de la NASA. Su lander Blue Moon Mark 1 será el encargado de llevar un rover al polo sur lunar hacia finales de esta década, un paso relevante tanto en términos tecnológicos como políticos. Si la agencia decide diversificar proveedores para Artemis III o para misiones posteriores, Blue Origin aparece mejor posicionado que hace unos años.

A eso se suman otros actores del ecosistema lunar, como compañías que ya lograron alunizajes robóticos y empresas japonesas o europeas, que contribuyen a un entorno cada vez más competitivo. En paralelo, dentro de Estados Unidos también hay voces que cuestionan el diseño de Starship como lander lunar, al señalar que su tamaño, masa y necesidad de múltiples repostajes en órbita agregan capas de complejidad y riesgo respecto de propuestas más modulares. La discusión también atraviesa debates sobre qué arquitectura es más sostenible en el largo plazo para sostener una presencia humana en la Luna.

Una carrera que ya no admite margen para el error

La filtración del documento interno de SpaceX funciona como una suerte de foto de cómo la propia compañía ve, puertas adentro, su capacidad de llegar a tiempo al próximo alunizaje tripulado. Para la NASA, es una señal de que depender de un solo proveedor para una misión tan crítica puede ser demasiado arriesgado.

En el corto plazo, todo indica que veremos más presión sobre SpaceX para acelerar su campaña de pruebas, al mismo tiempo que la agencia explora alternativas con Blue Origin y otros socios industriales. En el mediano plazo, la pregunta de quién se quedará con la imagen del próximo ser humano bajando de una escalerilla sobre el regolito lunar sigue abierta

Lo único claro por ahora es que el calendario original de Artemis III ya quedó atrás. Y que la nueva carrera por la Luna se juega entre países y entre modelos de negocio, arquitecturas tecnológicas y estilos muy distintos de entender cómo se construye el futuro de la exploración espacial.

Fuente: X

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